LA ESENCIA DE LA NAVIDAD. UN RESUMEN.

Los chicos viven el misterio del nacimiento de Jesús, como hacen todo en su vida, con entusiasmo, alegría y naturalidad. Las últimas semanas de Adviento salen por Madrid, a ver la decoración navideña y tomar chocolate con churros, en un entorno que ya está preparado para recibir una de las celebraciones más importantes del año.

Disfrutan del olor a castañas asadas, de los coloridos puestos de la Plaza Mayor, de los villancicos que se escuchan por la calle… pero sobre todo, de mezclarse con la gente, y compartir la misma alegría.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En el Hogar, su casa, dedican varios días a cantar villancicos por los hogares y por los despachos. Ataviados con espumillones y estrellas, contagian, a ritmo de panderetas y palmas al resto de usuarios y a toda la plantilla de trabajadores, su espíritu de celebración. Se forma una alegre fiesta allí por donde pasan, y todos los acompañamos cantando, festejando con ellos. Detienen nuestro ritmo y dejamos por unos instantes de tener en cuenta la rentabilidad del tiempo, para mirar y experimentar lo que de verdad importa. Ellos nos ayudan a ingresar en este tiempo de la Navidad.

También realizan una obra de teatro que, en cada convocatoria, se supera en calidad, ternura y diversión.

Su forma de hacer las cosas, de afrontar estos días, le da a la Navidad un sentido esencial y completo.

Su extraordinaria capacidad de transmitir vida con su sonrisa, con su alegría, con el corazón, aporta una dimensión nueva a nuestro cotidiano.

 

Por nuestra parte, tratamos de desvolverles este regalo, organizando actos dedicados a ellos, ritos navideños como la entrega de regalos por parte de los Magos de Oriente, que acogen una vez más, con sencillez y, sin embargo, con asombro ante la novedad, año tras año.

Algunos amigos habituales y veteranos nos ayudan en esta tarea, como Emilia, que cada Navidad escribe un texto para dramatizar la puesta en escena del Belén viviente. Es un momento muy emocionante en el que participan y colaboran voluntarios, chicos y trabajadores. Este Belén viviente era un clásico en la tarjeta de felicitación de Navidad del Hogar. Este año, por primera vez, no aparece como imagen de dicha tarjeta, pues hemos decidido impulsar nuestra Fundación Luis Orione y son unos niños de Payatas, la obra Orionista en Filipinas, los que nos desean una Feliz Navidad.

Aunque siempre resulta muy difícil expresar lo que nos enseñan a diario, lo que aprendemos, estando, simplemente, a su lado y las palabras son insuficientes, queremos intentarlo. Es imprescindible que fuera de estas paredes se sepa cómo son de necesarias para la sociedad, las personas con discapacidad intelectual. Especialmente las personas con alto nivel de dependencia. Su aportación es completamente real, de un valor enorme y de una singularidad tal que, si ellas no participaran, ese valor se perdería.

Con los chicos, todo comienza, todo es extraordinario, todo sale del corazón y vuelve enriquecido, al mismo lugar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Y en el caso del tiempo de la Navidad, en el que parece que brillan más los valores que unen a la Humanidad: paz, amor, fraternidad, alegría, esperanza… es aún más complicado contar cómo lo vivimos junto a ellos. Los chicos son representación viva de estos conceptos (que quedan tan bonitos en las tarjetas y mensajes que nos enviamos) en ellos se personifican y se comparten. Y son, para los de su alrededor, un regalo, el de un misterio muy importante. Algo muy grande que recibimos, año a año, como un privilegio enorme.

Por eso publicamos, aunque tarde, estas fotos. Porque pensamos que estaría bien alargar el tiempo litúrgico y cultural de la Navidad todo el año, pensar que somos simplemente seres humanos, que nos necesitamos unos a otros y que lo más importante es nuestra aceptación de los demás, sean todo lo diferentes que sean de nosotros.

Hemos de darnos cuenta de que es importante mirar con los ojos del corazón, y pasar por su filtro todas nuestras acciones, para que mantengan esa referencia, la del amor.

Porque, como decía nuestro fundador:

“Todo es grande,

cuando es grande el corazón que lo da.”

Hagamos, pues, de 2019, un año grande en esperanza, en entusiamo y sobre todo, en amor.